En esta oportunidad, quisimos conocer en qué consiste esta labor imprescindible en los medios gráficos, que hoy lamentablemente es casi inexistente.

Fernando Diez Esteves es un corrector con gran trayectoria en varios diarios mendocinos (algunos ya desaparecidos) y lo entrevistamos para que nos contara su experiencia en esta ocupación que lo apasiona y a la que tanto esfuerzo y responsabilidad ha dedicado.

¿Cómo comenzó su relación con la prensa escrita?

Como tantos aprendices, terminando la escuela secundaria, comencé a trabajar como periodista en el diario vespertino “El Andino”, perteneciente al centenario Los Andes, en la Sección Deportes, ya que era aficionado al automovilismo. Mi desempeño gustó al jefe de Sección, quien me invitó a trabajar rentado y permanente. Sin embargo, yo había decidido estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral, en 1970 y, un año después, comencé periodismo, en la ex Escuela Superior. Obtuve el título de “Licenciado en Comunicación” recién en 1982 (debido a los problemas políticos del momento), y ese mismo año entré al “Diario Mendoza”, en la Sección Política, trabajando hasta julio de 1983, cuando conseguí entrar por concurso en el Poder Judicial, con el doble de sueldo.

Sin embargo, en 1986 había una vacante de corrector en el “Diario Los Andes”, tomaron una prueba a los postulantes y gané el «mini concurso», entrando a trabajar inmediatamente hasta que en 1989 llegaron las computadoras MAC, de Apple. El gerente general estimó que éramos demasiados correctores, para revisar desde los avisos clasificados, los avisos importantes y hasta los fúnebres. Debo admitir que logramos una calidad nunca vista en los diarios en papel. No obstante, por un tema económico quedaron sólo 5 correctores, sobre 15.

Con el tiempo, advirtieron que ninguna computadora corrige oraciones enteras, sino palabras individuales y tampoco corrige los números. Fui llamado a trabajar en 2003, hasta el 30 de mayo de 2022, cuando decidí dar un paso al costado minutos después de cumplir 70 años. Consideré cumplida mi etapa, con la esperanza de que contrataran a algunos periodistas jóvenes, para acompañar al único corrector que ha quedado a cargo de la totalidad del diario.

¿A qué le llamamos corrección?

“Corrección” proviene del latín “correctio” y es la “acción de enderezar completamente y de arreglar o señalar errores”. Conforme a esta definición, un corrector puede encarar su tarea desde diferentes ópticas: si lo hace desde el punto de vista ortográfico, deberá proceder dejando al texto libre de usos de un grafema por otro y con todos los signos de puntuación debidamente colocados. En este sentido, hay muchos vocablos, llegados desde lenguas extranjeras y se va adaptando su grafía a las normas españolas, lo que es totalmente lícito.

Muy cercana a la corrección ortográfica estará la normativa ,que implica conocer qué vocablos constituyen barbarismos y vulgarismos. Por ejemplo, hablar de “estadíos”, cuando siempre debe decirse “estadios” o cuando se confunden las especies y las especias; también, cuando se conjugan mal algunos verbos habituales o se emplean erróneamente algunas frases latinas, a las que se les anteponen de manera superflua preposiciones que no corresponden.

Podemos hablar, además, de corrección semántica y lexicológica y es aquí donde debemos dilucidar si incorporamos o no neologismos, de qué tipo pueden ser y si siempre hemos de dar prioridad al español.

“El Instituto Cervantes, encargado de difundir el español en el mundo, justifica la aparición de neologismos, como palabras nuevas, pero también como acepciones nuevas de un término, porque aparecen objetos, actividades o realidades inexistentes hasta un momento de la historia, pero que requieren ser nombrados en épocas más recientes”.

La ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) todos los años incorpora a su diccionario innumerables vocablos nuevos o sentidos que no figuraban en las ediciones anteriores. Así, a fin de 2021, se han presentado tres mil ochocientas treinta y seis modificaciones, tanto adiciones como enmiendas. En el ámbito de la tecnología se incorporaron “bitcóin”, “criptomoneda”, “geolocalizar y “webinario”. Y, frente a esta enorme diversidad y casi inabarcable riqueza, encontramos que no puede prescindirse de la figura del corrector, como verdadero custodio del idioma.

¿Esta es la principal tarea?

Exactamente, ser custodio del idioma castellano. Es una deformación o una simplificación llamarlo español porque todas las ex colonias españolas hablan el idioma castellano, que era el más difundido en España en esa época. Allá conviven: el catalán, el gallego, el vasco, el de las islas Baleares, el valenciano. Aunque algunos podrían considerarse como «dialectos», estos tienen alguna connotación derivada del principal. El vasco, por ejemplo, tiene una grafía y vocalización absolutamente distinta del castellano.

¿Cómo era la tarea antes?

Antes de las computadoras se corregía sobre una gacetilla en birome de color, generalmente colorada.

¿Qué exigencias demanda?

Hay que poseer una formación general muy grande o especializada, según cada tema. Al corrector le llegan textos de todas las secciones y es imposible serlo sin una cultura general muy amplia, es decir que su formación nunca termina. Algo fundamental es tener permanentemente a disposición el sitio de la Real Academia Española, para realizar consultas. Contra lo que la mayoría sabe, esta academia que tuvo su origen en España, actualmente está conformada por expertos de todos los países hispanohablantes, por lo que debería llamarse Academia Hispanoamericana de Lengua.

¿Cuánto tiempo debería dedicarle el corrector a una nota?

No menos de 20 minutos a cada una, con una doble lectura sobre textos complicados, porque siempre queda algo sin corregir, por más experiencia que se posea.

¿Cuáles son los errores más comunes a corregir?

El error más común al escribir, es el cambio de lugar de algunas letras, en las que invertimos el orden. Por ejemplo: en el graf de una noticia que se pasó casi todo el día en la televisión, de la mañana a la noche escribieron «TEMEPRATURA», en vez de «TEMPERATURA». Estaba en los titulares, por lo tanto, empezó antes de las 7 de la mañana y en el resumen de medianoche salió el mismo error.

¿Qué consejos le daría a quienes escribimos en la prensa?

Que relean varias veces la nota: al confeccionarla, al pasarla al jefe inmediato o al editor y repasarla una vez impresa, para poder ver el trabajo que hizo el corrector y NO REPETIR LOS ERRORES. Llega a ser un hastío corregir mil veces la misma palabra y es una demora innecesaria, de la que acusa recibo el taller de impresión o los editores en línea.

¿Por qué los correctores ya no son considerados importantes en los diarios?

Eso es según la persona. Es muy necio, por parte de las empresas, los jefes y editores creer que la computadora sabe todo. Nadie está calificado para eludir una corrección. Ni siquiera los ganadores del Premio Nobel de Literatura. Para colmo, antes había una “fe de erratas», que era el reconocimiento de los errores. Ahora, salvo el diario La Nación, de Buenos Aires, nadie publica una. Para mí es un grandísimo error y un acto de soberbia. Los correctores también cometemos errores y eso se salva pidiendo a otro corrector que relea las notas complicadas que al otro le tocaron.

¿Qué ventajas tiene y tendrá siempre el ser humano frente a una computadora?

Existen sistemas o programas de textos que tienen un corrector de palabras, pero no de un texto completo. Además, suelen haber líneas que se repiten hasta en 20 renglones, que se le pasan al redactor (sucede bastante seguido) y los programas informáticos no lo detectan como error. Un periodista apurado o distraído puede escribir que el dólar está a 300.000 pesos y el corrector electrónico no entenderá si faltan o sobran ceros.

¿Algunos ejemplos anecdóticos para contar?

Hubo un error que salió impreso sin haber pasado por corrección, por el apuro. En la nota decía que la empresa brasileña VALE, la que se iba a hacer cargo de las sales de potasio en Malargüe, había llevado la cantidad de 17 mil millones de toneladas de hierro para la infraestructura de la fábrica. Esto no es posible porque en el mundo entero, en el término de un año, se fabrican solamente 4 mil millones de toneladas. Conclusión: sobraban SEIS CEROS. Supuestamente eran 17 mil toneladas, lo cual también me parece una barbaridad. Con esa cantidad en un solo lugar, el planeta Tierra se hubiera salido de la órbita alrededor del Sol.

En otra oportunidad, escribieron que Mendoza exportaba por un valor de 45 mil millones de dólares anuales, cuando eran sólo 2 mil millones. En conclusión, hay que estar muy bien actualizado en las cifras y prepararse las 24 horas, los 7 días de la semana y los 30 días al mes. No sirven los improvisados.

“En la actualidad, la universalización del uso de herramientas y aplicaciones informáticas diseñadas para la composición y autoedición de textos hacen inexcusables el conocimiento y la aplicación de muchas convenciones y recursos antes sólo manejados por especialistas”.